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martes, 15 de mayo de 2007

LITERATURA SARHUINA

AQUÍ VA UNA PEQUEÑA MUESTRA DE LA LITERATURA SARHUINA.
QUILLA MAQTA
(EL JOVEN OCIOSO)



Huk llaqtapis kawsasqa awilachanwan huk qilla maqta.
Dicen que en un pueblo vivía un joven ocioso con su abuela.

Awilachan kamachiq llamkananpaq maqtataqa, qantata apamunanpaq, chacrata llamkanampaq.
La abuelita enviaba a trabajar a este joven a traer leña y trabajar la chacra.

Qilla maqtaqa manayá llamkayta munasqacu imatapas, pinkullullantas, wanturyallantas sapapunchaw waqachiq.
Pero este joven ocioso no quería trabajo alguno , solo tocaba su flauta y su bandurria, todos los días.

Chaysi awillachaqa amiruspa maqtata mikuchiyta, pachachiyta, chaysi huk punchaw qarquramum wasinmanta.
Por eso, la abuelita cansada de este joven, de alimentarlo y de vestirlo, un día lo echó de su casa.

Hinaptinsi maqtaqa ripun piñakuspan qataman, pampaman; ¡qatapi, pampapi kunturpas atuqpas mikumuwachun nispa!
Entonces el joven enojado se fue a las laderas, a las pampas; mientras decía : ¡que me coman los zorros y los cóndores en estos peñascos, en estas pampas!

Chay pampaman chararuspansi maqtaqa pachanta chuturukuspan wañusqa niraq wischurayan.
El muchacho al llegar a la pampa se quitó la ropa, y tendido en el suelo yacía como un muerto.

Wañusqa niraq wischurayachkaptinsi chiqap kunturkunaqa muyuyta, tiyayta qallaykun hukña, iskayña, kumsaña, achkaña.
Así estaba tirado como un muerto cuando unos cóndores empezaron a dar vueltas; luego se fueron posando uno, dos, tres, y muchos más.

Ñauwpaqtas, kunturkunaqa mana kamasqa wañusqata mikuqchu apuntaraqsi suyaspanku, chaysi kunturkunaqa qawankus maqtata mana mikuspankus, apuntaraqsi suyaspanku; chaypi rimanakuspakus, parlanakuspankus.
Dicen que desde tiempos antiguos los cóndores no comían animales muertos, sino hasta que llegaba su jefe; mientras tanto conversaban y hablaban.

Chaysi tapunakuqku maypi, chaypi sasachakunata kasqanta. huk kuntur rimayta qallaykun kaynata nispa: Ñuqam rikuchkani wak Yaku Hanay llaqtapi yakuqa palasa chwpintan purichkan, uraypi pakasqa. Qari runakunas aspiykamuptinkus yakuqa lluqsirunman nin.
Así se preguntaban dónde y qué problemas tenían. Un cóndor empezó a hablar diciendo: yo estoy viendo que en el pueblo de Yaku Hanay las aguas van por el medio de la plaza, abajo escondidas, y si los hombre escarban, saldrían las aguas.

Chaynallataqsi huknin kuntupas makinta huqarispa rimarin: Ñuqapas rikuchkanin huklaw llaqtapi huk sapan warmi unquqta, chay wasi ukunpi kachkanmi puyñupi qullqi, quri pakasqa, sapan warmiqa, manan qullqi, quri kasqanta yachanchu.
Del mismo modo otro cóndor levantando la mano dijo: yo también estoy viendo en el otro pueblo a una mujer viuda que está enferma, y al interir de su casa hay plata y oro escondidos en porongo y la viuda no sabe que hay ese tesoro.

Qilla maqtaqa manayá upachu kasqa, chay rimasqankunaya uyarichkan wañusqa ruwakuspansi.
Este joven ocioso que no era tonto, escuchaba atento las conversaciones haciéndose el muerto.

Mientras estaban hablando los cóndores llegó el jefe-cóndor y rápidamente se dispusieron a comer todos los cóndores, que estaban hambrientos.

Pero cuando uno de los cóndores se disponía a picar los ojos del joven ocioso, éste se levantó gritando muy asustado; entonces aquellos cóndores volaron asustados.

Habiendo espantado a los cóndores el joven ocioso se vistió rápidamente y se fue cargando su manta y su bandurria hacia el pueblo de Yaku Hanay .

Llegando al pueblo de Yaku Hanay subió al campanario de la torre y desde allí llamó a las autoridades, a los comuneros para que se reúnan en la plaza.

Todos los viejos, mujeres, hombres, jóvenes y niños se reunieron, y el joven ocioso les dijo a todos: deberían darme a mí, vacas, ovejas, asnos, caballos, maíz, trigo, plata y ropa; porque yopuedo hacer aparecer agua aquí en medio de la plaza.

El joven ocioso no había mentido, pues cuando excavaban, sudando, salió abundante agua y todos los hombres cansados bebieron las aguas felices como palomas.

El pueblo Yaku Hanay agradecido por el agua dio muchos regalos al joven y éste dijo: “ Ahora si” voy a cantar y bailar pero también voy a trabajar.

Así, el joven ocioso quedó convertido en un hombre rico con muchos animales, con mucho dinero y bien vestido. Entonces regreso muy feliz a su pueblo. A veces el joven decía: voy a ir al pueblo de la viuda para decirle del tesoro; pero como ya era rico y tenía mucho trabajo, no salió de su pueblo.

Carmelón Berrocal: recopilador, narrador - Pintor sarhuino
Pablo Macera - Rosaura Andazábal: editores

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bueno en este pequeño comentario les dire que, tiene que tener un final mas emocionante o sea a ese ocioso le debían dar un susto, escarmiento los cóndores, bueno convirtiéndose de noche en personas y de día en cóndores, una especie de encantados por un brujo, para que no se gane la vida así de fácil, pero como dicen: ladrón que roba a ladrón tiene 100 años de perdón. gracias por su atención.

SARHUA dijo...

Interesante comentario el que cita para este relato.Gracias a ti por tomarte un tiempo y compartir tus ideas.